
La mayoría de los calentadores de techo no duran mucho tiempo. Es sencillo: se encuentran justo en el camino del vapor y la suciedad que se generan en la habitación. Hemos visto demasiados aparatos que se dañan rápidamente, por eso hemos diseñado nuestros productos para que puedan resistir ese tipo de condiciones.
El problema de la humedad Piense en lo que sucede cuando se coloca un calentador en el techo: está constantemente calentándose y enfriándose. Si el aire es húmedo, el vapor de agua se adhiere a la lámpara. Esto provoca la formación de depósitos minerales y “puntos fríos” que interrumpen el flujo de calor. Con el tiempo, esa presión hace que el tubo de cuarzo se rompa.
Para evitar esto, añadimos un recubrimiento hidrófobo y sellamos todo el dispositivo. De esta manera, se evita que entre humedad. Cuando la superficie permanece limpia, el calor llega efectivamente al suelo, en lugar de quedar atrapado o dispersado por la capa de humedad.
Mantener el agua alejada El agua es la forma más rápida de dañar los elementos calefactores. Un pequeño derrame o una tubería con fugas puede arruinar las conexiones eléctricas.
Por eso utilizamos carcasas con clasificación IP. Invertimos mucho tiempo en las juntas donde entran los cables, porque allí es donde suelen ocurrir los problemas. Si los instala en un almacén o en un lugar donde se lavan los suelos, no tendrá que preocuparse por que las terminales se oxiden.
La verdad Bueno, hay un pequeño inconveniente: al añadir estas cáscaras protectoras y recubrimientos, el patrón de distribución del calor cambia ligeramente. Puede perderse un 2-3% de la potencia calorífica en comparación con una lámpara sin protección.
Pero, honestamente, es un sacrificio que estamos dispuestos a hacer. Prefiero perder un poco de calor antes que tener que reemplazar todo el dispositivo cada seis meses debido a que sus componentes se dañan. Hemos diseñado estos dispositivos para que puedan resistir todo tipo de condiciones adversas.